
En Tenancingo, la administración municipal encabezada por Nancy Nápoles Pacheco parece haber entrado en una fase donde la gobernabilidad ha quedado relegada a segundo plano, mientras las traiciones, disputas internas y ambiciones personales comienzan a marcar el ritmo de lo que ya transcurre como casi la mitad de su trienio.
Lejos de consolidar un proyecto de gobierno sólido, lo que hoy se percibe dentro del Ayuntamiento es un ambiente cargado de tensiones, confrontaciones internas y un evidente adelantamiento de la carrera por la sucesión municipal. directores, síndico, regidores y asesores, según diversas versiones que circulan en los pasillos del propio gobierno municipal, han comenzado a manifestar abiertamente su inconformidad con el actuar de la alcaldesa.
Y es que cuando la crítica ya no viene de la oposición, sino del propio equipo de gobierno, el problema deja de ser político y se convierte en un síntoma claro de fractura interna, dentro de este escenario, nombres como el del tesorero municipal y la polémica figura de Yesi Ortega, señalada por personal administrativo como una especie de “portera” del poder municipal, comienzan a aparecer en el centro de las tensiones internas, versiones apuntan a que se exige lealtad a ciertos grupos dentro del Ayuntamiento por encima incluso de la propia presidenta municipal, generando una lucha silenciosa por el control político del gobierno local.
La situación alcanza niveles que rozan lo absurdo, durante el jolgorio posterior a la fallida cabalgata municipal, algunos directores presuntamente ya pasados de copas habrían lanzado críticas abiertas contra la administración de Nancy Nápoles, calificándola con términos que, según testigos, reflejan el nivel de fractura y descontento que existe dentro del propio gabinete.
Y mientras el gobierno municipal se desgasta en disputas internas, otros nombres comienzan a aparecer en el tablero político local, como Guillermina Cruz Cortés y Rosalio Saldivar Cruz, señalados dentro del contexto de estas pugnas internas que, lejos de fortalecer la administración, la exhiben como una estructura fragmentada y sin rumbo.
A este escenario se suma la polémica alrededor del comisario de Seguridad Pública, Roberto Camacho Orihuela, cuya actuación, según diversas versiones, también ha generado cuestionamientos y que, de acuerdo con comentarios internos, merecería un capítulo aparte dentro del cúmulo de controversias que rodean a esta administración.
Lo que ocurre en Tenancingo no es menor, cuando un gobierno municipal se convierte en un campo de batalla interno, la ciudadanía queda relegada a segundo plano. Las decisiones se retrasan, los proyectos se estancan y la administración se consume en conflictos que nada tienen que ver con las necesidades reales del municipio..
Y así, entre traiciones, mentiras y peleas internas, el gobierno de Nancy Nápoles Pacheco parece avanzar hacia la segunda mitad del trienio no con resultados, sino con fracturas; no con proyectos, sino con confrontaciones; no con liderazgo, sino con disputas de poder.
Al final, Tenancingo parece gobernado no desde el cabildo, sino desde los pasillos, las reuniones informales y los brindis de madrugada, porque cuando la administración municipal se parece más a una novela de intrigas que a un gobierno, queda claro que la prioridad dejó de ser la ciudadanía y pasó a ser la lucha por el poder.
Y mientras tanto, la ciudadanía observa cómo su gobierno municipal se desmorona lentamente, como si el Ayuntamiento no fuera una institución pública, sino un castillo de arena sostenido por egos, intereses y ambiciones, eso sí, al menos en algo han sido eficientes: en Tenancingo, el espectáculo político nunca se detiene, aunque el gobierno, hace tiempo, parece haberse detenido por completo.
Daniel Sánchez