Zinacantepec
Gobierno de “Chapatín” Vilchis bajo sospecha

En Zinacantepec crece el enojo ciudadano y también las dudas, familias del municipio han levantado la voz para exigir al Órgano Superior de Fiscalización del Estado de México una auditoría a la administración encabezada por el Chapatín Vilchis, luego de que, aseguran, cinco años de gobierno han pasado sin obras reales, sin resultados tangibles y sin mejoras visibles para la población.
Lo que sí aseguran que ha crecido y de manera evidente es la vida ostentosa del Chapatín, vecinos denuncian la presunta adquisición de relojes de lujo con precios que superan los 300 mil pesos, una cifra que resulta ofensiva para un municipio donde las necesidades básicas siguen acumulándose.
Donde las calles continúan deterioradas y donde las promesas de desarrollo parecen haberse quedado en el discurso. Porque mientras los ciudadanos esperan pavimentaciones, obras hidráulicas, seguridad y servicios dignos, lo que observan es algo muy distinto, lujo, ostentación y un gobierno que presume más estilo que resultados, y la pregunta que ya comienza a resonar entre los habitantes no es menor, ¿de dónde salen esos lujos cuando las obras simplemente no aparecen? La molestia crece porque no se trata solo de percepciones, sino de una realidad que los vecinos aseguran vivir diariamente, colonias abandonadas, proyectos inconclusos y recursos que, aparentemente, no se reflejan en el municipio, para muchos, la ausencia de obras no es casualidad, sino la señal de un posible manejo irregular del presupuesto público.
Y así, lo que alguna vez se presentó como una administración prometedora terminó convirtiéndose, según los ciudadanos, en un verdadero, cuento de Blanca Nieves, pero sin final feliz, porque mientras el gobierno municipal parece vivir en su propio mundo, la ciudadanía enfrenta la realidad de un municipio que, lejos de avanzar, permanece estancado.
El contraste resulta insultante. Por un lado, ciudadanos que exigen obras básicas, por el otro, un alcalde señalado por una vida de lujo.
Por un lado, comunidades que esperan desarrollo, por el otro, relojes que valen lo que podría representar una obra pública para una colonia entera.
Y es ahí donde el sarcasmo se vuelve inevitable, en Zinacantepec no hay obras… pero el tiempo sí corre, y al parecer corre en relojes de lujo, porque después de cinco años, la pregunta ya no es si hubo resultados, sino dónde quedaron los recursos.
Y mientras las exigencias de auditoría aumentan, también crece la indignación de una ciudadanía que observa cómo su municipio sigue sin avances, mientras su presidente municipal parece vivir en una realidad completamente distinta.
Al final, la percepción ciudadana se vuelve cada vez más dura, Zinacantepec no tiene gobierno de resultados, tiene gobierno de apariencias.
La ciudadanía comienza a exigir auditorías, a señalar ostentación y a reclamar resultados inexistentes, el problema deja de ser percepción y se convierte en realidad política y la paciencia con el Chapatin se agota.
Diego Sánchez