Ocoyoacac
Servicios colapsados

En Ocoyoacac, el desarrollo habitacional en zonas como “Los Chirinos” ha encendido el descontento ciudadano ante lo que vecinos describen como un crecimiento desordenado, con servicios rebasados y condiciones que distan de una planeación urbana adecuada.
De acuerdo con señalamientos de habitantes, diversos fraccionamientos habrían sido autorizados sin que existiera la infraestructura suficiente en materia de agua, drenaje y servicios básicos, el resultado, aseguran, es visible, calles saturadas, sistemas colapsados y una presión creciente sobre los recursos del municipio.
Más allá de las versiones, el problema es tangible, cuando el crecimiento supera la capacidad de los servicios, lo que se genera no es desarrollo, sino deterioro, y cuando ese deterioro impacta directamente a quienes viven en la zona, el tema deja de ser técnico para convertirse en social.
La administración municipal encabezada por Nancy Valdez Ruiz enfrenta así cuestionamientos sobre los procesos de autorización y la supervisión del desarrollo urbano, porque, aunque las responsabilidades puedan ser compartidas entre distintos niveles o momentos administrativos, la exigencia actual recae en quien gobierna.
Y la exigencia es clara, respuestas, vecinos demandan claridad sobre cómo se otorgaron permisos, bajo qué criterios y qué acciones se implementarán para atender las afectaciones actuales, porque lo que hoy se vive no es una proyección futura, es una problemática presente.
El silencio o la falta de posicionamientos concretos no ayudan a disminuir la inconformidad, por el contrario, la profundizan, porque en temas de desarrollo urbano, la omisión pesa tanto como la mala decisión, y cuando las autoridades no explican, la percepción ciudadana llena ese vacío.
Con interpretaciones que rara vez son favorables, lo ocurrido en Ocoyoacac deja en evidencia una realidad incómoda: el crecimiento sin control termina por cobrar factura, y esa factura no la paga quien autorizó, la paga la gente que vive ahí.
Porque no se trata solo de construir viviendas, se trata de garantizar condiciones dignas para habitarlas, y cuando eso no ocurre, el discurso de progreso pierde sentido.
Se convierte en lo contrario, en un problema que se expande, y que exige algo más que declaraciones, exige soluciones, porque al final, el verdadero problema no es que el crecimiento haya ocurrido, sino cómo ocurrió.
Y si nadie explica ni corrige, lo que queda es un municipio intentando sostener un modelo que ya muestra grietas por todos lados, eso sí, el desarrollo sigue presumiéndose en cifras, aunque en la realidad, lo único que crece con certeza es el desorden.
Porque cuando el crecimiento avanza sin orden, lo que se construye no es futuro, es un problema acumulado.
Lorena Roca