Xalatlaco
Escándalo territorial

El municipio de Xalatlaco vuelve a colocarse bajo la sombra de la duda, ahora por señalamientos sobre posibles irregularidades en terrenos del boulevard Isabel de Moctezuma, no hay confirmaciones oficiales, es cierto, pero tampoco hay algo igual de preocupante: explicaciones.
Las denuncias ciudadanas, que circulan con rapidez en redes sociales, apuntan a presuntas maniobras relacionadas con la revisión de la propiedad de predios, el problema no es solo lo que se dice, sino lo que la autoridad ha decidido no decir, porque cuando surgen acusaciones de este calibre, el silencio institucional no es prudencia: es omisión.
En cualquier administración que entienda el valor de la confianza pública, la respuesta sería inmediata, clara y sustentada. Aquí ocurre lo contrario, la ausencia de una postura oficial deja a los ciudadanos atrapados entre rumores y sospechas, sin certeza sobre la legalidad de lo que ocurre en su propio entorno, y eso, en un tema tan sensible como la tierra, no es un detalle menor.
La falta de transparencia no solo alimenta la especulación, la convierte en regla, mientras no haya información verificable, cada versión gana terreno, cada duda se multiplica y cada día sin respuesta erosiona la credibilidad institucional, no es la denuncia lo que más debilita a un gobierno, es su incapacidad, o falta de voluntad, para aclararla.
Hoy Xalatlaco no enfrenta solo un señalamiento, enfrenta una prueba de credibilidad, y hasta ahora, la estrategia parece ser la peor posible, esperar a que el ruido se apague solo, pero la historia reciente ha demostrado algo muy claro, cuando la autoridad apuesta por el silencio, lo único que crece no es la calma, es la desconfianza.
A esta altura, el problema ya no gira únicamente en torno a los terrenos señalados, sino a la forma en que se está gestionando la información pública, en un contexto donde la ciudadanía exige cada vez más claridad, la opacidad se convierte en un error político de alto costo, no se trata de percepciones: se trata de la responsabilidad básica de informar.
El manejo de este tipo de crisis exige algo más que silencio estratégico, requiere datos, documentos, posicionamientos claros y, sobre todo, voluntad de enfrentar el escrutinio público, la falta de estos elementos deja la impresión de una administración rebasada o, en el peor de los casos, indiferente ante la preocupación ciudadana.
También resulta inevitable cuestionar los mecanismos de control interno, ¿Existen? ¿Funcionan? ¿Se están aplicando?, porque cuando surgen señalamientos de esta naturaleza, la expectativa mínima es que haya procesos claros de revisión.
Lo que realmente está en juego es algo mucho más grave, la credibilidad de un gobierno que, frente a la duda, ha decidido esconderse en lugar de responder
Diego Sánchez