Ocoyoacac

Un gobierno perdido en la simulación

El municipio de Ocoyoacac vuelve a quedar exhibido por el abandono de obras públicas y la creciente molestia ciudadana contra la administración encabezada por Nancy Ruiz Valdez, lo que debía representar mejoras para la comunidad de Santa María terminó convertido en otro ejemplo del desorden, la improvisación y la incapacidad que, según vecinos, caracteriza al gobierno municipal.
Habitantes denunciaron que las obras sobre la calle General Prim y avenida Hidalgo llevan semanas detenidas, dejando calles abiertas, montones de tierra, polvo y afectaciones constantes para peatones, automovilistas y comerciantes, y como suele ocurrir en administraciones rebasadas, la explicación extraoficial habría sido tan absurda como indignante: “no hay presupuesto”.
La pregunta que muchos vecinos se hacen es simple: ¿cómo puede faltar dinero apenas iniciado el ejercicio fiscal?, porque mientras las calles permanecen destruidas y abandonadas, el ayuntamiento sigue destinando recursos a propaganda, eventos y publicaciones donde todo parece perfecto, excepto la realidad que vive la gente.
En Ocoyoacac ya no sorprende que las obras comiencen con bombo y platillo y terminen convertidas en monumentos al abandono, lo verdaderamente alarmante es que la administración parece incapaz de concluir proyectos básicos sin generar afectaciones, retrasos y enojo social.
La situación en Santa María también revive viejas heridas entre los habitantes, quienes recuerdan proyectos anteriores que quedaron prácticamente tirados, ahí está el caso de la plazuela prometida, que terminó olvidada entre promesas incumplidas y árboles retirados que jamás fueron recuperados, una metáfora perfecta del actual gobierno: destruyen rápido, prometen mucho y resuelven poco.
Mientras tanto, los ciudadanos tienen que soportar calles intransitables, tierra volando todos los días y una administración que parece más preocupada por cuidar su imagen en redes sociales que por terminar las obras que abrió, porque gobernar no es inaugurar zanjas y desaparecer; gobernar implica planear, ejecutar y cumplir.
Cada obra inconclusa se ha convertido en un recordatorio visible del desgaste de una administración que prometió transformación y terminó entregando molestias, retrasos y frustración, y lo peor es que el patrón se repite tanto que ya parece método de gobierno.
Y así, entre calles destrozadas, proyectos abandonados y excusas recicladas, Ocoyoacac sigue hundido en una administración donde las obras duran menos que los discursos y la planeación parece haberse quedado enterrada bajo el polvo de Santa María, porque al final, el verdadero sello de este gobierno no son las obras terminadas, sino las que dejan tiradas a medias mientras la ciudadanía paga el desastre completo.
                            Lorena Roca

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