Lerma
Basura Gobernando

En Lerma la incompetencia gubernamental ya ni siquiera intenta disimularse, mientras cada temporada de lluvias convierte calles y avenidas en auténticos ríos de basura y lodo, las autoridades municipales siguen actuando como si las inundaciones fueran un fenómeno misterioso e imposible de explicar, pero basta mirar lo que ocurre, frente al fraccionamiento Cedros, para entender perfectamente por qué Lerma termina colapsando cada vez que cae una tormenta.
Vecinos denunciaron la existencia de un basurero clandestino justo sobre un dren pluvial, una imagen que resume de manera perfecta el nivel de abandono y desorden con el que opera el gobierno encabezado por el Mike, porque mientras la basura se acumula sin control, el Ayuntamiento parece especializado únicamente en discursos reciclados y propaganda barata.
La indignación ciudadana crece porque este tipo de problemas no aparecen de la nada. Son consecuencia directa de la falta de supervisión, mantenimiento y autoridad, en Lerma los drenajes se convierten en tiraderos, las calles en lagunas y los servicios públicos en simples adornos administrativos que existen solo en los informes oficiales y las publicaciones de redes sociales.
Y claro, después llegan las lluvias, las avenidas colapsan, las casas se inundan y entonces aparecen los funcionarios con cara de sorpresa, como si nadie hubiera advertido el problema durante semanas o meses, la realidad es mucho más simple: el municipio está hundido en la negligencia y la incapacidad.
Vecinos señalan que el tiradero clandestino no solo representa un foco de contaminación y malos olores, sino también un riesgo directo para la infraestructura pluvial de la zona, sin embargo, mientras los ciudadanos hacen denuncias y exigen atención, el gobierno municipal continúa desaparecido, demostrando que en Lerma la prevención es un concepto completamente desconocido.
Porque para esta administración parece más importante organizar eventos, colocar espectaculares y presumir supuestos avances que resolver problemas básicos de limpieza, mantenimiento y orden urbano, el resultado está a la vista, un municipio donde la basura gobierna mejor que las propias autoridades.
Lo más absurdo es que después, cuando media ciudad termina bajo el agua, seguramente volverán las mismas excusas de siempre: “lluvias atípicas”, “fenómenos naturales” o “situaciones imprevistas”, como si un dren convertido en basurero fuera obra de la naturaleza consecuencia de un gobierno ausente e inútil.
Esteban Díaz