
En Tenancingo el desastre administrativo ya no puede maquillarse con discursos vacíos, publicaciones recicladas ni eventos montados para aparentar normalidad, a menos de la mitad de su administración, el gobierno encabezado por Nancy Nápoles Pacheco se ha convertido en sinónimo de improvisación, incapacidad y absoluto abandono, lo que prometieron como un gobierno cercano y eficiente terminó convertido en un espectáculo vergonzoso de caos, desorden y funcionarios rebasados por una realidad que simplemente no saben controlar.
Hoy Tenancingo vive atrapado entre la falta de agua, la inseguridad creciente, las obras inexistentes y una administración pública que parece operar sin rumbo, colonias enteras pasan días y hasta semanas sin recibir agua potable mientras el Ayuntamiento responde con excusas ridículas o silencio absoluto, la sed de miles de familias ya no es un problema técnico, es el reflejo más cruel de un gobierno incapaz de garantizar lo más básico.
Pero el colapso no termina ahí, a punto de entrar al sexto mes del año, la obra pública en Tenancingo es prácticamente un cementerio administrativo, no hay avances, no hay proyectos visibles y no hay resultados, la propia Dirección de Obras Públicas arrastra señalamientos de incompetencia y desorganización que tienen paralizado al municipio, recursos detenidos, expedientes mal integrados y una absoluta falta de capacidad técnica han convertido al Ayuntamiento en una oficina donde reina la burocracia inútil mientras las calles siguen deteriorándose frente a los ciudadanos.
Y mientras los servicios públicos colapsan, la inseguridad avanza sin control, robos, asaltos y delitos cada vez más frecuentes forman parte del paisaje cotidiano de un municipio donde la policía parece perdida, sin estrategia, sin liderazgo y sin dirección real, la sensación entre la población es clara, en Tenancingo los delincuentes parecen tener más organización que las propias autoridades municipales.
El comercio tampoco escapa del desastre. Comerciantes denuncian operativos arbitrarios, multas excesivas y medidas recaudatorias disfrazadas de orden administrativo, en lugar de fortalecer la economía local, el gobierno municipal parece empeñado en asfixiar a quienes todavía intentan sostener sus negocios, la administración de Nancy Nápoles ha logrado algo verdaderamente increíble, convertir al propio Ayuntamiento en enemigo de la actividad económica del municipio.
La molestia ciudadana aumenta porque el problema ya no parece limitarse a errores administrativos aislados, sino a una administración completa que simplemente dejó de funcionar, funcionarios ausentes, directores incapaces y un Cabildo completamente apagado forman parte de un gobierno donde nadie corrige, nadie propone y nadie responde, un grupo de servidores públicos que parece haber confundido gobernar con cobrar un sueldo mientras el municipio se cae a pedazos.
Y quizá lo más alarmante es ver cómo la propia presidenta municipal luce completamente rebasada por el desastre que ella misma ayudó a construir, la imagen de un gobierno confundido, desesperado y sin control ya no es percepción política, es la realidad que viven miles de ciudadanos todos los días entre calles abandonadas, servicios deficientes y promesas incumplidas.
Porque en Tenancingo ya ni siquiera gobiernan las autoridades, gobierna el desorden. Un municipio donde las obras no arrancan, el agua desaparece, la inseguridad aumenta y las soluciones jamás llegan, pero eso sí, para tomarse fotografías, organizar eventos y repetir discursos vacíos, ahí nunca falta tiempo.
Y mientras Nancy Nápoles insiste en vender fantasías de transformación, la realidad termina exhibiendo algo mucho más brutal, un gobierno que prometió cambio y terminó convirtiéndose en una de las administraciones más mediocres, inútiles y desastrosas que ha tenido Tenancingo en años, porque cuando un municipio entero se hunde en abandono, caos y frustración, ya no se puede hablar de errores, se llama fracaso absoluto. Daniel Sánchez