Xalatlaco

Siguen las corcholatas

En Xalatlaco parece que la política municipal funciona como negocio familiar: cambian los nombres, cambian las fotografías y cambian los discursos, pero los mismos grupos siguen intentando quedarse con el control del ayuntamiento.
Ahora surge el nombre de Denisse Macedo Galindo como posible aspirante a la presidencia municipal, una figura que no llega precisamente libre de cuestionamientos públicos, su nombre sigue siendo recordado por episodios que generaron polémica durante la pasada administración y que, para muchos ciudadanos, nunca terminaron de aclararse completamente ante la opinión pública.
La situación ha provocado que numerosos habitantes se hagan una pregunta sencilla pero incómoda: ¿de verdad no existe nadie más en Xalatlaco para gobernar? Porque cada vez que se acerca un proceso electoral, pareciera que el mismo grupo político saca del cajón a los mismos personajes para intentar perpetuarse en el poder.
Y detrás de esa estrategia, muchos observadores señalan una figura que continúa apareciendo como sombra permanente de la política local, Abelito, aunque formalmente los tiempos cambian y las administraciones concluyen, la percepción ciudadana es que ciertos operadores siguen moviendo piezas desde atrás del escenario para conservar influencia sobre las decisiones públicas.
La molestia social no nace únicamente por los nombres, nace porque mientras las comunidades siguen enfrentando problemas de servicios, seguridad, infraestructura y desarrollo económico, la clase política parece más ocupada organizando la siguiente campaña que resolviendo los pendientes que dejaron en el presente.
Lo más preocupante es que la ciudadanía comienza a percibir que la prioridad no es construir un mejor municipio, sino garantizar la supervivencia política de un grupo que se niega a abandonar los privilegios que otorga el presupuesto público, cuando los ciudadanos escuchan hablar de nuevas candidaturas, muchos ya no piensan en propuestas; piensan en relevos internos, acuerdos de grupo y protección mutua.
Porque en Xalatlaco la gran pregunta ya no es quién quiere gobernar. La verdadera pregunta es quién pretende seguir administrando el mismo tablero político mientras los problemas reales continúan creciendo.
A estas alturas, los habitantes de Xalatlaco ya no necesitan magos, herederos políticos ni candidatos reciclados. Necesitan resultados, porque si la principal propuesta de futuro consiste en volver a presentar a los mismos de siempre, entonces no estamos frente a una renovación política; estamos viendo la secuela número veinte de una película que el público lleva años intentando dejar de ver, y como toda saga desgastada, cada nueva entrega tiene menos credibilidad, menos aplausos y más espectadores.
                        Diego Sánchez

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