El Pueblo nunca se Equivoca
La opinión de un joven sobre el nuevo puente de Rnacho Santa Fe abre una reflexión que va m{as alla de una obra pública: gobernar también significa escuchar a quienes vivir{an todos los días con las decisiones de la autoridad.

ALMOLOYA DE JUÁREZ, MÉX.- En la administración pública existen decisiones que se toman en un escritorio y otras que sólo pueden entenderse caminando las calles, escuchando a los vecinos y conociendo de primera mano las necesidades de cada comunidad.
Durante un recorrido realizado en el nuevo puente de Rancho Santa Fe, un reportero entrevistó a un joven que diariamente utiliza esa vialidad. La pregunta fue sencilla: ¿qué le dirías al presidente municipal? La respuesta fue inmediata: «Quedó más chiquito que el que estaba. Lo hubiera dejado como estaba.»
Más allá de la crítica o del tamaño del puente, sus palabras dejan una reflexión que merece analizarse. No hablaba un ingeniero, un funcionario o un actor político. Hablaba un ciudadano que conoce esa obra porque forma parte de su vida cotidiana.
Y ahí surge una pregunta que toda administración pública debería hacerse antes de iniciar cualquier proyecto: ¿se está escuchando a los ciudadanos antes de construir las obras que ellos mismos utilizarán?
Las obras públicas no son un fin en sí mismas. Su verdadero objetivo es resolver problemas y mejorar la calidad de vida de las personas. Por ello, además de cumplir con especificaciones técnicas y presupuestos, también deberían responder a las necesidades reales de quienes convivirán con ellas durante muchos años.
En los últimos meses, El Editorialista ha documentado distintas expresiones ciudadanas relacionadas con obras y servicios públicos en comunidades de Almoloya de Juárez. Desde calles deterioradas hasta observaciones sobre infraestructura recientemente entregada, las voces de los vecinos han coincidido en un punto: la necesidad de que sus opiniones sean tomadas en cuenta antes de que las decisiones estén completamente definidas.
Precisamente para fortalecer ese vínculo existen mecanismos de participación ciudadana, como los Consejos de Participación Ciudadana (COPACI), cuyo propósito es acercar las inquietudes de la comunidad a la autoridad municipal. Escuchar no significa perder autoridad; significa gobernar con mayor conocimiento de la realidad.
La entrevista realizada en Rancho Santa Fe representa la opinión de un ciudadano. Sin embargo, cuando diferentes comunidades comienzan a expresar inquietudes sobre diversas obras, esas voces dejan de ser simples comentarios aislados y se convierten en un llamado que merece atención.
Los gobiernos suelen medir sus resultados por el número de obras inauguradas. Los ciudadanos las evalúan de otra manera: preguntándose si realmente resolvieron el problema para el que fueron construidas.
Porque al final, una obra pública termina el día que se inaugura; una buena obra pública empieza el día que los ciudadanos la hacen suya.
Y no hay que olvidar una realidad que acompaña a toda democracia: los gobiernos califican sus obras el día de la inauguración; los ciudadanos las califican el día de la elección.
Usted, amigo lector, tiene la última palabra.
Mónica Moreno