Xalatlaco

Abelito… ¿Presente?

En Xalatlaco parece haberse inaugurado un nuevo modelo de administración pública: cuando el gobierno desaparece, los ciudadanos terminan haciendo su trabajo, eso ocurrió en la calle Prolongación Vicente Guerrero, en el barrio de San Agustín, donde vecinos, cansados de esperar una respuesta del Ayuntamiento, decidieron sacar palas, cemento, carretillas y recursos propios para reparar una vialidad que, aseguran, llevaba meses en el abandono.
Mientras las familias invierten tiempo, dinero y esfuerzo para recuperar una calle por la que diariamente transitan niños, adultos mayores y trabajadores, las críticas apuntan hacia la administración encabezada por el presidente municipal Abelito Flowers, de acuerdo con los habitantes, los oficios entregados, las solicitudes y las peticiones formales terminaron archivadas junto con las promesas oficiales, sin que hasta el momento exista una respuesta concreta para atender el problema.
La molestia crece porque el deterioro de la vialidad no solo representa incomodidad, sino un riesgo permanente, los vecinos afirman que los enormes baches obligaban a los automovilistas a reducir completamente la velocidad, situación que además de provocar daños mecánicos convertía la zona en un punto vulnerable para hechos delictivos, a pesar de ello, sostienen que el gobierno municipal permaneció inmóvil mientras el problema seguía agravándose.
Entre los habitantes también comienza a tomar fuerza una percepción incómoda para la administración municipal: que las prioridades del gobierno parecen estar más enfocadas en la política que en los servicios públicos, en los pasillos del municipio circulan versiones ciudadanas que cuestionan si el interés principal del gobierno es resolver las necesidades de la población o fortalecer proyectos políticos rumbo a los próximos procesos electorales.
La escena resulta simbólica. Mientras los ciudadanos mezclaban cemento y rellenaban los enormes hoyancos, el gobierno municipal quedó reducido al papel de espectador, cada palada de material lanzada por los vecinos terminó convirtiéndose en un recordatorio de las funciones que constitucionalmente corresponden a la autoridad y que, según denuncian, hoy recaen sobre quienes además pagan impuestos.
Los habitantes advierten que este caso no es únicamente una calle deteriorada; representa el desgaste de la confianza ciudadana, cuando la población deja de esperar a sus autoridades y decide resolver por sí misma problemas que deberían atenderse con recursos públicos, el mensaje es contundente: la distancia entre el gobierno y la ciudadanía comienza a convertirse en un enorme bache institucional.
Porque en San Agustín ya quedó una imagen difícil de borrar: mientras los vecinos sudaban bajo el sol reparando la calle, el Ayuntamiento parecía seguir esperando el momento ideal para aparecer.
                        Diego Sánchez

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